
Cuando caiga el telón, quiero que se escuchen los aplausos.
Por Luis R. Ramos
Recientemente hemos tenido la noticia de las muertes de Terry Schiavo, del Papa, dirigente de la iglesia católica y el sábado por la noche la de Tony Croato, puertorriqueño por elección. A Terry Schiavo con muerte cerebral desde hacia 15 años le cesaron las funciones de sus órganos impidiendo su alimentación por espacio de 13 días. El Papa murió a consecuencia de su vejez y de la terrible enfermedad de Parkinson. Nuestro compatriota Tony murió afectado de cáncer y aún cuando todavía podía ofrecer mucho de su talento. El murió después de haber escuchado el concierto homenaje que le ofrecieron sus pares en la música y rodeado de sus parientes y amigos más queridos.
Es esta la muerte que hace preguntar a muchos, ¿Por qué debe morir una persona relativamente joven y de gran talento? Alguien quien aportó y pudo seguir aportando mucho por nuestro acervo cultural.
¿Cuál es este gran misterio?
Desde que el ser humano adquiere consciencia de la muerte ha tejido una gran cantidad de leyendas, historias y religiones sobre cual es el destino final del ser humano. El temor a dejar de existir y de no participar nunca más del quehacer humano imprime en nuestra psiquis una gran depresión, angustia y ansiedad. Cuando la muerte ocurre en la temprana edad y en plena gloria de nuestras facultades entonces el hecho es devastador.
Para algunos después de la muerte existe el purgatorio, el cielo, la unión a un espíritu universal, reencarnación, etc. Para los musulmanes es ir a compartir con varias vírgenes la gloria de algún sacrificio. Para otros es andar por el limbo y volver de vez en cuando a conversar a través de individuos que se hacen llamar “canalizadores de espíritus”.
Pronto tendremos la visita de uno de estos conversadores con los muertos. Se trata de el célebre John Edwards del programa Crossing Over que se originara hace algunos años en el canal de ciencia ficción “Sci Fi channel” y actualmente transmite por la cadena sensacionalista Fox.
Personas que se dedican a esta practica han sido expuestas y desacreditadas por investigadores de la talla de Houdini, James Randy, Penn & Teller y otros a través de todo el mundo. Expertos en la lectura en frió y predadores de la tristeza de aquellos que han perdido algún ser querido, pretenden comunicar mensajes de los fallecidos al público presente. Unas veces utilizan información adquirida entre el publico por sus asistentes y otras la provee inocentemente la victima en conversación con el canalizador.
Todo esto por la compasiva suma de alrededor de $200.00 por “alma”
El día de nuestro nacimiento marca el comienzo de nuestra muerte. La eventual y natural muerte es por lo tanto la consecuencia de vivir. En cuanto aceptemos esa realidad aceptaremos morir estoicamente y sin temor. Hasta el día de hoy no hay nada que podamos hacer para detener la muerte. “Es tan segura como los impuestos” según reza nuestro refrán popular.
Es nuestra proposición que el momento de nuestra muerte debe ser digna y agradable. Que existan mecanismos legales y médicos para poder ser asistidos en ese momento. Que ese momento pueda se escogido por nosotros. Que podamos determinar morir rodeados de nuestros seres queridos, agradablemente y sin sufrimientos o agonía.
Se mencionaba en los periódicos que el sistema judicial del estado de la Florida había avalado la eutanasia en el caso de Terri Schiavo. Se distorsiona el concepto cuando su muerte final fue lograda por inanición, por la falta de alimentos y agua por espacio de varios días. Esta no fue una muerte piadosa y digna.
“Son muchos los que mueren con una enfermedad paralizante y en agonía solos en un cuarto de hospital.”
Aún cuando su muerte cerebral la mantenía en estado inconciente y no tenía ninguna sensación. El proceso pudo haber sido de menos ansiedad para todas las partes envueltas en el caso. Pudo haber terminado a minutos después de haberse tomado la decisión de terminar con el funcionamiento de sus órganos.
No todos tendremos la oportunidad de hacerlo en reunión de todos nuestros amigos y parientes y escuchando un concierto en nuestro honor y apoyo, como fue el caso de Tony Croato. Son muchos los que mueren con una enfermedad paralizante y en agonía solos en un cuarto de hospital.
Propongo que después de haber sido certificado por la ciencia médica y consciente de que no existe ningún remedio de recuperación, podamos legalmente determinar cuando y donde. Que podamos ser asistidos en nuestra salida final, al momento de nuestra muerte.
Que estudiemos las leyes de Oregón en los Estados Unidos, Suiza, Holanda y otros países sobre la implantación de La Muerte con Dignidad. Que la implantemos y nos unamos al grupo de países civilizados del mundo.
Lamentablemente aquellos que se oponen lo hacen utilizando la religión. Alegando que “Dios da la vida y Dios es el único que la puede quitar”. Son los mismos que aceptan sin ningún comentario cuando la ciencia médica, sin ningún permiso de ese Dios y en contra de “su voluntad”, cuando la quita, revive las personas que mueren. Ya tenemos desde hace varios años la resucitación cardio-pulmonar y otros sistemas de resucitación. Y todos los días médicos, paramédicos y personas comunes salvan la vida a personas que fallecen repentinamente.
Muchas de esas resucitaciones resultan exitosa y los resucitados disfrutan de muchos años de vida prospera y fructífera. Ese no fue el caso de Terrry Schiavo a quien le llego tarde y su cerebro ya había muerto y no podía volver a tener consciencia.
Si fueron los médicos quienes pusieron a funcionar sus órganos, ¿no le tocaba a estos revertir la situación?
Cuando llegue el final de mi tiempo quiero tener la opción, quiero tener una muerte agradable, rodeado de mis seres queridos y en la paz de mi hogar. Oyendo la música que disfruto tanto. Sin agonía, sin tortura a aquellos que me quieren, sin la atroz visión de una muerte desagradable y dolorosa causada por una enfermedad o senilidad avanzada. Quiero tener el derecho a mi privacidad.
No le concedo a ningún ser ni imaginario ni vivo ni muerto, de que luego de haber tenido una larga y digna vida, despojarme el derecho y privilegio a tener una corta y digna muerte.
Luis R. Ramos, humanista secular, es el presidente de la Sociedad de Escépticos de Puerto Rico. La Sociedad promueve la razón, la ciencia y el pensamiento crítico. Es el editor del portal de la sociedad www.EscepticosPR.com y miembro de la junta editorial y representante de Puerto Rico a la Revista PENSAR, revista latinoamericana para la ciencia y la razón. Amante de la música, las artes plásticas y la vida en general. Acepta correspondencia al buzón electrónico lramos@EscepticosPR.com.
Fuentes:
· La eutanasia y el derecho a la privacidad Paul Kurtz
· La lucha para morir de Reginald Crew
· Suicidio Asistido una tesis de Lucas Estévez
· Informe sobre la Ley de Muerte con Dignidad del Estado de Oregon (pdf)
· The Case for Physician-Assisted Suicide Richard T. Hull
· Ultimo Recurso. libro por Derek Humphry, fundador of the Hemlock Society. (Tusquets, Barcelona) ISBN 8-7223-500-9