DISEÑO ININTELIGENTE

 

Daniel R. Altschuler 

Publicado  en Dialogo de setiembre octubre del 2005 

 

Recientemente han cruzado por mi pantalla noticias algo inquietantes. No; no me refiero a los muertos en las batallas que a diario se libran en Irak, ya casi no son noticia, de igual modo que ya casi no es noticia la sangre cotidiana que nos presentan en el noticiario. Desgraciadamente ya es habitual.

 

No; me refiero a la reciente noticia de que el presidente Bush, sin duda para ganarse algunos votos, ha expresado que él cree que la idea religiosa de diseño inteligente, un eufemismo de creacionismo, debe enseñarse en las escuelas junto con la evolución como teorías alternativas que explican el mundo que nos rodea. No es noticia que él piense así, ya que tuvo similares posturas como gobernador de Texas.

 

La disputa es antigua y mi inquietud es provocada por la ignorancia de la ciencia que demuestra el presidente de la nación más poderosa del mundo. Ya a poco de publicarse la obra de Charles Darwin en 1859, se realizó un famoso debate, entre Thomas Henry Huxley, presidente de la Royal Society y Samuel Wilberforce, Arzobispo de Oxford – religión contra ciencia, el primero de muchos. En 1925, se llevó a juicio al joven maestro de biología John Scopes, acusando de haber violado la ley de Tennesse que prohibía la enseñanza de cualquier teoría que negara la historia de la creación divina en las escuelas y universidades públicas del estado. Ha pasado a la historia como simbólico de toda esta estúpida historia. La ley fue revocada recién en 1967.

 

La Iglesia Católica dio un paso atrás (¿o adelante?) cuando en su discurso a la Pontificia Academia de Ciencias en octubre 22 de 1996[i] el Papa Juan Pablo II finalmente admitió la evolución biológica. Pero solo lo hizo en parte, ya que también postuló que hay una intervención divina en cuanto a la conciencia humana. Dice “En consecuencia, las teorías de la evolución que, en función de las filosofías en las que se inspiran, consideran que el espíritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. Por otra parte, esas teorías son incapaces de fundar la dignidad de la persona”. Fue solo medio paso.

 

Es decir que acepta la evolución biológica en cuanto al cuerpo humano, pero la conciencia, esa propiedad tan difícil de explicar, requiere intervención divina. Pero por difícil que sea explicar un fenómeno, o por que no encontremos una explicación, no tiene que ser divino. Sería el Dios de nuestra ignorancia, pero entonces sería pasajero, ya que con el tiempo nuestra ignorancia disminuye. Así, el movimiento de los planetas, por mucho tiempo inexplicable, no es causado por ángeles, como se creía. No sabemos qué es la masa invisible que los astrónomos han descubierto llena el universo, pero no por eso buscamos una respuesta sobrenatural, y no está del todo claro como es que surgen nuevas especies, pero eso no quiere decir que fue Dios quien las puso allí. Pero además, ¿De qué humanos hablamos?: ¿Homo erectus?, ¿Homo habilis? ¿Homo sapiens neanderthalensis? ¿Cómo hizo el todopoderoso para decidir cuando comienza la conciencia y la humanidad? ¿Acaso mi perra no tiene conciencia? El Homo habilis de hace un millón de años, ahora extinto,  ¿No fue creación divina? ¿Y si lo fue, fue un mal diseño?

 

Recientemente, un alto funcionario de la Iglesia Católica, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, calificando el discurso de Juan Pablo II como “vago y de poca importancia” dice en un ensayo publicado en el New York Times[ii] que “Puede que sea cierta la evolución en el sentido de un ancestro común, pero la evolución en el sentido neo-Darwinista: un proceso de variación aleatoria y selección natural sin guía ni plan - no lo es.”

 

Pero, ¿Cual es el problema? Muy sencillo, dentro del esquema evolucionario no hay cabida para un Dios creador del ser humano “a su imagen y semejanza”, La vida se va desarrollando por medio de un algoritmo automático, sin guía ni plan. Esta idea es difícil de aceptar por aquellos que toda su vida creyeron lo contrario.

 

El influyente teólogo inglés William Paley, argumentaba en 1803 que si al encontrarnos con un reloj, cuyo claro propósito es dar la hora, concluiríamos que tal complicado objeto tenía que ser el resultado de un diseño. Su premisa era que no puede haber un diseño sin diseñador. Varias versiones del argumento de Paley son utilizadas en el presente por los creacionistas, bajo el eufemismo de “diseño inteligente” o el oxímoron de “creacionismo científico”. El argumento general tiene la forma siguiente: observamos un mundo ordenado, el orden requiere una inteligencia que lo produzca, por lo tanto Dios diseñó el mundo. Por mundo ordenado se puede indicar la molécula de ADN, una célula o el ojo humano, entre otras cosas.

 

Aquellos que desean que la vida sea creación divina, o al menos que la del ser humano lo sea, esgrimen una de las leyes fundamentales de la Física (para colmo) para intentar demostrarlo. Argumentan (correctamente) que la vida, con sus estructuras altamente ordenadas como el ADN, significa una disminución de la entropía, y que esto contradice la segunda ley de termodinámica. Pero la ley se cumple para sistemas aislados, y tanto la Tierra como la biosfera y sus organismos no los son. El flujo de energía solar permite una disminución de entropía local, a expensas del aumento de la entropía total del universo, sin contradecir esta ley fundamental. En cierto sentido nuestro metabolismo no es más que un insumo de entropía negativa para contrarrestar la tendencia de aumento, que al final, cuando morimos, se cumple.

 

Otro argumento muy utilizado por los opositores a la evolución dice que no se encuentran en el registro fósil las esperadas formas intermedias entre una especie y otra. Pero aunque no les guste Australopithecus africanus es intermedio entre Homo sapiens y un simio ancestral. Los recientes descubrimientos con respecto a la evolución de la ballena[iii] muestran quizá mejor que ninguno este desarrollo. Las ballenas son mamíferos descendientes de un animal terrestre, el cetáceo más antiguo que se conoce (Pakicetus) que habitó las tierras hace unos cincuenta millones de años y que muestra muchas estructuras intermedias entre mamíferos terrestres y las ballenas, Ambulocetus es un anfibio intermedio y Dorudon un animal acuático que aún presenta estructuras terrestres (como patas traseras). El estudio detallado de estos fósiles muestra muchos cambios adaptativos para la vida marina. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver, y siempre se puede argumentar que no se ha encontrado una forma intermedia entre dos formas intermedias.

 

Creen que los fósiles con edades de millones de años fueron puestos allí por Dios (al menos así me lo han dicho algunos) para probar su fe, ya que la edad de la Tierra es de 6000 años (lo que a mi me dice que creen en un Dios tramposo). Lo que me asombra es que esto me fue expresado por personas con un buen trasfondo educacional y que yo consideraba inteligentes. Otros me dicen que los fósiles que se encuentran en sitios insólitos, como peces en las alturas de los Alpes, son consecuencia del diluvio universal, un cuento tan absurdo que no aguanta ni el más superficial examen.

 

Si, según ellos y la Biblia, todos los seres de la tierra fueron creados para nuestro bienestar, entonces ¿Cómo me explican el mosquito?

 

La  verdad es que no hay que analizar mucho para darse cuenta que hasta un ingeniero mediocre podría diseñar algo mejor. ¿Me van a contar que un ser de inteligencia insuperable, todopoderoso, omnisapiente y bondadoso no parió más que nosotros? Me van a decir que un animal que mata a otros con encono, que utiliza su poca inteligencia para diseñar armas de destrucción masiva y es lo suficientemente estúpido como para construirlas, que abusa física y sexualmente de otros, y destruye el entorno en el cual habita, es resultado de un diseño inteligente? No, hombre, con ese cuento a otros. El diseño inteligente resulta ser una mezcolanza patética de pseudociencia piadosa ininteligible, creada por personas ininteligentes.

 

Además, si fuera forzoso concluir que alguien diseñó el mundo, o el DNA o a los humanos, no necesariamente tenía que ser el Dios cristiano como alegan los creacionistas, podrían haber sido otros dioses, o muchos de ellos que trabajaron juntos, es decir un comité de dioses. Esto último al menos explicaría la razón por la cual el diseño resultó ser tan defectuoso.

 

En un plano más básico, aunque el deporte favorito de los creacionistas es buscar fallas a la evolución, esto de ninguna forma probaría sus ideas. Buscan afanosamente cualquier incertidumbre o controversia (que siempre se encuentra) en la ciencia de la evolución, pero no parece preocuparles que Génesis nos cuenta que en el primer día de la creación Dios hizo la luz, pero recién en el cuarto día creó el Sol. No importa, dicen, Dios opera de forma misteriosa. Así cualquiera. Lo cierto es que poco se podría entender del mundo biológico sin referirse a la evolución, del mismo modo que poco del mundo que nos rodea sería comprensible sin la mecánica cuántica.

 

El concepto de evolución biológica de Charles Darwin y Alfred Wallace, es de gran fuerza explicativa por su sencillez y hay un sinnúmero de excelentes libros que se lo pueden explicar al que este dispuesto a hacer el esfuerzo[iv]: Observamos que se transmiten las características de un organismo de padres a hijos, es decir que hay herencia, y observamos que hay variaciones en algunas características de los descendientes es decir que la descendencia es con modificaciones. En el transcurso de los milenios esto lleva a un cambio en las propiedades genéticas de una población y puede llevar al establecimiento de nuevas especies si de alguna forma un pequeño grupo queda reproductivamente aislado del resto, quizá por una barrera geográfica. La selección natural actúa como un filtro que determina diferencias en las tasas de reproducción y supervivencia de distintas variedades, las cuales tienen diferente capacidad para sobrevivir en el ecosistema en el cual están inmersos. Al ocurrir cambios en un ecosistema algunas especies no pueden sobrevivir y se extinguen, mientras que en otros casos, las presiones filtran ciertas cualidades que contribuyen a la supervivencia de ciertos individuos que de esta forma contribuyen su aval genético con nuevas características a la población. El proceso de evolución no es causado por el deseo de mejorar una especie, no tiene guía ni plan, ni tampoco es una tendencia necesaria de ir de lo simple a lo complejo.

 

La prueba más contundente de evolución se encuentra a escala molecular. La diferencia genética entre los humanos (Homo sapiens) y los chimpancés (Pan troglodytes) es muy pequeña, menos de un dos por ciento, y sin embargo la diferencia visible es grande. Tuvimos un ancestro común que vivió hace unos cinco millones de años. Con el tiempo se acumularon pequeñas diferencias genéticas que culminaron en las diferencias observadas. Es la razón por la cual algunos proponen que sería más acertado llamar al chimpancé Homo troglodytes[v] aunque a mí me suena perfecto para los humanos.

 

Con raras excepciones el mismo código genético es utilizado por todos los organismos, esculpido en la molécula de ADN (o ARN en algunos casos), estas moléculas a su vez compuestas por las mismas cinco bases químicas. Se observa una gran similitud en las secuencias genómicas de organismos pertenecientes a diversos grupos filogenéticos. El proceso fundamental de síntesis de proteínas en todas las formas de vida es similar e indica que se ha conservado casi intacto por los últimos tres mil millones de años a partir de un ancestro común. Todo apunta a un parentesco histórico, a un único origen. Todo sugiere que no necesitamos leyes especiales y sobrenaturales para la vida y que el mito de la creación de las diversas culturas se plasma en esta nueva versión real.

 

Y ahora me entero que un miembro de la cámara de representantes, quiere emular a Bush con una resolución concurrente (R. Conc. de la C. 47) que dice en parte en su exposición de motivos:

“El asunto especifico de la creación del ser humano ha representado un serio debate sobre diferentes posturas que pretenden explicar el mismo” y que finaliza con “Hoy esta Asamblea Legislativa se solidariza y apoya las expresiones vertidas por el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, George W. Bush, en torno a que la teoría del diseño inteligente en cuanto a la creación del ser humano debe enseñarse en conjunto con al teoría de la evolución en las escuelas públicas de dicho país.”

 

La resolución expresa además que la teoría de diseño inteligente, “ha sido atacada  por aquellos que postulan que el sistema público de enseñanza no puede promover ningún tipo de concepto a favor de un ser supremo que intervenga con la humanidad...” Parecería que quien redactó la resolución no conoce la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que es dónde se postula tal cosa.

 

La Sección 3 de dicha constitución dice: “Libertad de culto. No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado.” Es ésta una expresión mucho más contundente que lo que dice la primera enmienda a la constitución de los EE.UU: "Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof..." Esos hombres y algunas mujeres que redactaron estas constituciones sabían lo que era la persecución religiosa que les motivó a escribir esto.

 

De paso, cada vez que en un acto oficial del gobierno, una graduación en una escuela pública se hace una invocación se está violando la constitución del Puerto Rico.

 

La idea religiosa de diseño inteligente no es admisible en el salón de clase, menos en el de ciencia, en el cual lo más importante reside en la prueba de nuestras ideas por medio del contraste empírico y coherencia con nuestro aval de conocimientos. Lo que se enseña en la clase de ciencia debe ser determinado por los científicos, lo que se enseña en la de historia por los historiadores, y lo que se enseña en literatura por los literatos. El creacionismo científico, no es científico, y el diseño inteligente no es inteligente.

 

La raíz del problema, por demás comprensible dadas nuestras circunstancias finitas, es la premisa de Paley, que es falsa. Es posible tener un diseño sin diseñador. A pesar de lo que dice el Papa, no es necesario tratar la mente como una causa primera y es posible considerarla como una consecuencia. Ver la inteligencia como producto de la ininteligencia no parece tener sentido, pero lo tiene si entendemos a Darwin, y esto nos libera de la necesidad del diseñador inteligente.

 

Y es que si necesitamos un diseñador para producir un diseño, entonces caemos en una  regresión infinita: ¿Quién diseña al diseñador? Y para cubrir esta interrogante se torna necesario recurrir a lo sobrenatural. Pero hay otra forma que no violenta la lógica. El orden biológico es consecuencia de las leyes de la física, química y biología. La evolución nos explica lo que observamos, y no es necesario explicarlo con un diseñador.

 

Si, sin guía ni plan. Un gran número de pequeños pasos automáticos de un algoritmo natural, con el paso de los milenios devengan la diversidad y organización que observamos. La mente es una propiedad emergente de este proceso. No se necesita nada más. A los que ignoran la ciencia les parece milagroso, para los que la conocen es meramente maravilloso.

 

No me puedo oponer a que cada cual crea lo que quiera, y el que no desee conocer la realidad tal como la conocemos hoy, resultado de un viaje intelectual fabuloso, que se quede bruto - es su opción. Pero es inadmisible que aceptemos que a los jóvenes se les enseñe lo que no es cierto, que se les de gato por liebre, que se les estafe intelectualmente y condene a la ignorancia. La lucha contra la tiranía del dogma, contra la parálisis inducida por los libros sagrados que aprisionan la mente, comenzó con Copérnico, Bruno y Galileo y continuó con muchos otros héroes (muchos olvidados). Se han ganado batallas importantes pero no la guerra. Queda mucho por hacer para romper la maraña de cadenas que inmovilizan la mente y el espíritu humano y no le dejan cobrar altura. Lo que menos necesitamos es la ayuda del gobierno para mantenernos en la edad media.

 

Ah si, por si le picó la curiosidad: John Scopes fue declarado culpable y tuvo que pagar una multa de $100.

 

Daniel R. Altschuler es autor de “Hijos de las estrellas” publicado por AKAL (Madrid) y coautor con J. Medín y E. Núñez de “Ciencia, pseudociencia y educación”, publicado por la editorial Callejón.  Director de educación científica del Observatorio Ionosférico de Arecibo

 

 


Notas :

 

[i]L’Église et l’évolution   Message du pape Jean Paul II à l’Académie Pontificale des sciences http://www.1000questions.net/fr/evolution/academie.html

[ii] Christoph Schönborn, Finding Design in Nature. New York Times July 7, 2005

[iii] Christian de Muizon.  Walking with Whales. Nature 413, 259 - 260 (20 September 2001)

http://www7.nationalgeographic.com/ngm/data/2001/11/01/html/ft_20011101.4.html

[iv] Ernst Mayr (2001). What Evolution Is. Basic Books.

[v] Jarred Diamond (1992). The Third Chimpanzee, N.Y. Harper Collins