Culto al padre

Por Víctor H Baske

 


¿A cuántos de nosotros nos parece familiar que muchos creyentes cuando oran a Dios lo hacen refiriéndose a él como un padre? Aunque, también esto nos parece algo muy similar a una doctrina psicológica que conocemos, y es la doctrina de la necesidad del amparo del padre en la personalidad humana ya vista por Sigmund Freud en sus escritos. Muchos creyentes, cuando oran por algún enfermo, o cuando oran para hacerle alguna petición a Dios por una necesidad, lo hacen casi siempre mencionando: "Padre, dame esto...", o, "padre, en tu nombre...". Algunos creyentes parecen estar cayendo en un trance mientras oran, otros lo hacen como si tuvieran una autoridad delegada por algo o alguien (en este caso: Dios mismo).

Como ex-religioso y como ex-creyente, confieso que yo también he participado de tales prácticas. Muchas veces yo mismo oré de esa forma, y confieso que me sentía muy extraño, porque me preguntaba siempre qué necesidad yo tenía de hablar con un padre imaginario. Poco a poco, y con la lectura de Freud, este extrañamiento se me fue haciendo menos extraño, y el significado real de lo que yo estaba expresando en aquella búsqueda, ahora se me hace más claro.

Freud decía:

"En cuanto a las necesidades religiosas, considero irrefutable su derivación del desamparo infantil y de la nostalgia por el padre que aquél suscita, tanto más cuanto que este sentimiento no se mantiene simplemente desde la infancia, sino que es reanimado sin cesar por la angustia ante la omnipotencia del destino. Me sería imposible indicar ninguna necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno [...] La génesis de la actitud religiosa puede ser trazada con toda claridad hasta llegar al sentimiento de desamparo infantil. Es posible que aquélla oculte aún otros elementos" (Freud, El Malestar en la Cultura).

También, la búsqueda de una solícita Providencia por el creyente es explicada por Freud de esta manera:

"El hombre común no puede representarse esta Providencia sino bajo la forma de un padre grandiosamente exaltado, pues sólo un padre semejante sería capaz de comprender las necesidades de la criatura humana, conmoverse ante sus ruegos, ser aplacado por las manifestaciones de su arrepentimiento. Todo esto es a tal punto infantil, tan incongruente con la realidad, que el más mínimo sentido humanitario nos tornará dolorosa la idea de que la gran mayoría de los mortales jamás podrá elevarse por sobre semejante concepción de la vida." (Freud, El Malestar...).

Cuando las circunstancias que rodean al creyente se tornan adversas, y le sobreviene alguna situación en la cual él se ve desesperado, desde ese momento en adelante siente la "nostalgia por el padre". Freud decía que esto se debe a la "angustia ante la omnipotencia del destino". Ahora bien, debemos de hacernos las siguiente preguntas: ¿qué es nostalgia? ¿qué es angustia? ¿qué es la omnipotencia del destino? Las preguntas son la clave del asunto en este tema. El término nostalgia significa sentir unas ansias de ver a algo o a alguien. En este caso, la nostalgia tiene por objeto a la imagen paterna, pues el objeto de esta nostalgia es la imagen del padre. Después, le sigue un sentimiento de angustia debido a esta nostalgia, porque el creyente se encuentra indefenso, y no se considera capaz de resolver sus problemas por sí mismo, ni por su propia iniciativa, y entonces, cuando el destino se le manifiesta como una fuerza omnipotente, que se le opone a sus caprichos cuasi infantiles, el creyente clama a Dios como si éste fuera su Padre. Son notables las siguientes palabras que la Biblia promete para que el creyente busque a Dios como si fuera su propio padre: "Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo" (Salmo 103:13-14) . El hecho de que el creyente relaciona el parentesco que tiene con sus padres con el padre celestial, o el meta-padre, comienza con la identidad que la Biblia establece entre los padres terrenales. Pasajes también como éste nos sirven para apoyar lo que estamos diciendo aquí:

"Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre; Atalos siempre en tu corazón, Enlázalos a tu cuello. Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; Hablarán contigo cuando despiertes" (Proverbios 6:20-22).

Es un hecho innegable que en la Biblia se equilibra la relación con los padres con la relación con Dios. El libro de los Proverbios parece un libro de consejos de padre-hijo, pero ningún creyente negaría que tal relación es idéntica a la relación con Dios. También, la relación con Dios se establece en el Antiguo Testamento a través de la casa del padre:

" y a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé" (Isaías 38:5-6).

Son muchos los pasajes bíblicos en los que la relación paterno filial se confunde con la relación con Dios, y uno no pude casi notar la diferencia entre la una y la otra. En la Biblia, esta relación es de identidad, y es reforzada esta conducta por los innumerables pasajes que identifican la relación con Dios con la relación con los padres, como en Proverbios 17:25:

"El hijo necio es pesadumbre de su padre, Y amargura a la que lo dio a luz". Este otro pasaje demuestra con más claridad lo que decimos aquí: "El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos. Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida" (Isaías 38:19-20).

Sería casi ser ciego no reconocer que el creyente es una persona como dice Freud, que es una persona que tiene un complejo infantil. Sus palabras que citamos antes, son muy claras: "La génesis de la actitud religiosa puede ser trazada con toda claridad hasta llegar al sentimiento de desamparo infantil". Israel buscaba a su Dios como si éste fuera su propio padre, y esto se quedó manifiesto en la Biblia:

"Pero tú eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre" (Isaías 63:16).

Proposiciones que se derivan de lo dicho por Freud:

1. El desamparo infantil y la nostalgia por el padre es reanimado sin cesar por la angustia ante la omnipotencia del destino.

2. Me sería imposible indicar ninguna necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno.

3. La génesis de la actitud religiosa puede ser trazada con toda claridad hasta llegar al sentimiento de desamparo infantil.

4. El hombre común representa la Providencia bajo la forma de un padre grandiosamente exaltado, pues sólo un padre semejante sería capaz de comprender las necesidades de la criatura humana, conmoverse ante sus ruegos, ser aplacado por las manifestaciones de su arrepentimiento.

5. Todo esto es a tal punto:

a. infantil

b. incongruente con la realidad

c. el sentido humanitario hace lamentarnos que la gran mayoría de los mortales jamás podrá elevarse por sobre semejante concepción de la vida.

Salmo 103:13-14:

Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.

Proverbios 3:12:

Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.

 Proverbios 17:25:

El hijo necio es pesadumbre de su padre, Y amargura a la que lo dio a luz.