Alerta de la falsa ciencia
Por Robert L. Park
Traducción: Javier Garrido Escépticos de Venezuela
La NASA está invirtiendo cerca de un millón de dólares en el aparato antigravedad de un oscuro científico ruso, a pesar de que ha fracasado en todas las pruebas y de que violaría las leyes más fundamentales de la Naturaleza. La Oficina de Patentes y marcas Registradas concedió recientemente la patente 6.362.718 a un generador electromagnético físicamente imposible, que supuestamente obtiene energía libre del vacío. Y grandes consorcios energéticos han sepultado decenas de millones de dólares en un plan para producir energía llevando a los átomos de hidrógeno a un estado inferior a su estado fundamental, una hazaña equivalente a organizar una expedición para explorar la región al sur del Polo Sur.
No existe ninguna afirmación científica tan absurda que sea imposible hallar algún científico que la defienda. Muchas de ellas terminan en los tribunales, después de haberle costado gran cantidad de dinero a la gente crédula. ¿Cómo hacen los jurados para valorarlas?
Antes de 1993, los procesos legales sobre la validez de aseveraciones científicas solían decidirse simplemente de acuerdo al testigo experto que el jurado considerara más creíble. El “testimonio experto” estaba constituido casi siempre por retorcidas especulaciones teóricas con escasa o nula evidencia que las apoyara. Los jurados eran embaucados con una jerigonza técnica que no tenían la esperanza de entender, ofrecida por expertos cuyas credenciales no podían evaluar.
En 1993, sin embargo, con la decisión del Tribunal Supremo en el juicio Daubert vs Merrell Dow Pharmaceuticals, Inc., la situación comenzó a cambiar. Este caso involucró al Bendectin, la única medicación contra los vómitos matutinos estacionales aprobada por la FDA. Este fármaco había sido utilizado por millones de mujeres, y en más de 30 estudios publicados no se había encontrado evidencia alguna de que causara defectos congénitos. A pesar de lo cual, ocho supuestos expertos estuvieron dispuestos a atestiguar, por una remuneración, que el Bendectin podía causar anomalías en el neonato.
En la decisión de que tales testimonios no eran creíbles debido a su carencia de evidencia, la Corte instruyó a los jueces federales a actuar como "guardianes", que los jueces no son científicos, la Corte invitó a estos a que experimentaran diferentes vías para cumplir con esa responsabilidad.
El magistrado Stephen G. Breyer exhortó a los jueces a designar expertos independientes para auxiliarlos en esta tarea. Hizo notar que los tribunales podían acudir a organizaciones científicas, como la Academia Nacional de Ciencias y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, para encontrar expertos neutrales que pudieran anticipar testimonios cuestionables y poner al juez sobre aviso. Los jueces aún tienen dudas sobre como asumir sus responsabilidades bajo la decisión Daubert, y un grupo de ellos me preguntó cómo reconocer las aseveraciones científicas cuestionables. ¿Cuáles son las señales de peligro?
He identificado siete indicadores de que una alegación científica cae fuera de los límites del discurso científico racional. Por supuesto, son solamente signos de riesgo, e incluso una afirmación que reúna varias de ellas podría en algunos casos resultar legítima al final.
1. El descubridor acude directamente a los medios de comunicación.
La integridad de la ciencia descansa en la buena voluntad de los científicos de exponer las nuevas ideas y hallazgos al escrutinio de otros investigadores. Las tentativas de eludir la revisión de sus colegas, llevando un nuevo resultado directamente a los medios, y por lo tanto, al público general, sugiere que es poco probable que el trabajo pueda sostenerse ante el examen escrupuloso de otros científicos.
Un ejemplo notable de esto es el anuncio, presentado en 1989 por dos químicos de la universidad de Utah, Stanley Pons y Martin Fleischmann, de haber descubierto la fusión fría –un método para producir fusión nuclear sin equipos costosos.
La comunidad científica no supo de este hallazgo hasta que leyeron la reseña de una rueda de prensa. Peor aún, esta información se enfocaba básicamente en el potencial económico del descubrimiento, y estaba desprovista de aquellos detalles que le hubieran permitido a otros científicos juzgar su validez o repetir el experimento. (Ian Wilmut anunció que había clonado con éxito una oveja tan públicamente como lo hicieron Pons y Fleischmann, pero en este caso la abundancia de detalles científicos le permitió a otros investigadores juzgar el valor del trabajo).
Algunas afirmaciones de apariencia científicas evitan incluso el examen de los reporteros, apareciendo directamente en anuncios comerciales pagados. Una compañía de “comida sana” puso en el mercado un suplemento dietético llamado Vitamina O, anunciándolo en avisos periodísticos a toda página. La vitamina O resultó no ser mas que agua salada ordinaria.
2. El descubridor pregona que grupos poderosos están intentando suprimir su trabajo.
La idea es que presuntamente el establishment no ahorrará esfuerzos para ahogar aquellos descubrimientos que puedan alterar el equilibrio de riqueza y poder en la sociedad. A menudo, el descubridor describe la ciencia común como involucrada en una gran conspiración que incluye a la industria y al gobierno. Por ejemplo, la afirmación de que las compañías petroleras están frustrando la invención de un automóvil que funcione con agua es indicio seguro de que la idea de tal coche es un fraude. En el caso de la fusión fría, Pons y Fleischmann atribuyeron la frialdad con fue recibida a los físicos que protegían su propia investigación sobre fusión caliente.
3. El efecto científico implicado está siempre en el límite mismo de la detección.
Por ejemplo, nunca hay una fotografía clara de un platillo volador, o del monstruo de Loch Ness. Todas las mediciones científicas deben lidiar con cierto nivel del ruido de fondo o de fluctuación estadística. Pero si la relación señal/ruido no puede ser mejorada, y se mantiene siempre constante, muy probablemente el efecto es falso y el trabajo no es ciencia.
Por ejemplo, existen miles de artículos de parasicología publicados que presentan casos verificados de telepatía, sicokinesis o precognición. Pero esos efectos solo se hacen patentes mediante enmarañados análisis estadísticos. Los investigadores no encuentran ninguna manera de aumentar la señal, lo que sugiere que el efecto no está allí realmente.
4. La evidencia de un descubrimiento es anecdótica.
Si la ciencia moderna ha aprendido algo en el último siglo, es a desconfiar de la evidencia anecdótica. Debido a que las anécdotas tienen un fuerte impacto emocional, han contribuido a mantener vivas las creencias supersticiosas en la edad de la ciencia. El descubrimiento más importante de la medicina moderna, más que las vacunas o los antibióticos, es el estudio doble ciego con distribución al azar, por medio del cual podemos saber qué funciona y qué no. Al contrario de lo que se suele decir, "datos" no es el plural de "anécdota."
5. El descubridor afirma que una creencia es verosímil porque ha perdurado por siglos.
Existe un tenaz mito de que hace cientos o miles de años, mucho antes de que nadie supiera sobre la circulación de la sangre o que los gérmenes causan enfermedad, nuestros antepasados poseían ya remedios milagrosos que la ciencia moderna no puede entender. Buena parte de la llamada "medicina alternativa" se afinca en ese mito. Es improbable que la antigua sabiduría popular, redescubierta o reempaquetada, se iguale al producto de los modernos laboratorios de investigación.
6. El descubridor ha trabajado en aislamiento.
La imagen de un genio solitario que trabaja en secreto en su laboratorio del ático, y termina haciendo un descubrimiento revolucionario, es una constante de las películas de la ciencia-ficción de Hollywood, pero es muy difícil encontrar algún ejemplo de esto en la vida real. Hoy en día las revoluciones científicas son casi siempre producto de la síntesis del trabajo de muchos investigadores.
7. El descubridor debe proponer nuevas leyes de la naturaleza para explicar una observación.
Una nueva ley de la naturaleza, invocada para explicar algún resultado extraordinario, no debe entrar en conflicto con los conocimientos previos. Si es necesario cambiar las leyes de la naturaleza existentes o proponer nuevas leyes para explicar una observación, esta es casi con certeza incorrecta. Comencé esta lista de las señales de peligro para ayudar a los jueces federales a detectar el absurdo científico.
Pero cuando la concluí me di cuenta de que en nuestra cada vez más tecnificada sociedad desenmascarar la ciencia vudú es una habilidad que debe aprender cualquier ciudadano.
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Robert L. Park es profesor de Física en la Universidad de Maryland en College Park, y Director de Información Pública de la Sociedad Americana de Física. Es autor de Voodoo Science: The road from foolishness to fraud (traducido al castellano como Ciencia o Vudú: de la ingenuidad al fraude científico. Grijalbo-Mondadori, 2001. Lea una reseña de esta obra en Lúcido 5).
FUENTE: The Chronicle Review. Enero 31, 2003. http://chronicle.com/free/v49/i21/21b02001.htm
Revista Lucido 9 Escépticos de Venezuela http://www.geocities.com/escepticosvenezuela/